La autorregulación de los comunicadores para no violar las leyes

Los comunicadores no tenemos licencia para insultar ni denigrar a las personas.

Si usted, estimado lector, se sigue incomodando cada vez que lee algún mensaje ofensivo de algún comunicador en contra de un ciudadano, es señal de que no ha perdido la capacidad de sorprenderse.


Me referiré a los #comunicadores, incluidos #periodistas, que tienen entre sus pasatiempos insultar a quienes no piensan como ellos, a quienes pertenecen a un partido o agrupación política que no es de su simpatía, o a quienes profesan un credo religioso. Leer: #Derechos Fundamentales de la Persona consignados en la Constitución Política del Perú.


Escribo estas líneas a propósito del mensaje que un comunicador, que entretiene a radioyentes #adolescentes por las mañanas -a juzgar por las llamadas telefónicas que recibe- y a público televisivo por las noches, regaló a través del #Twitter a un conocido congresista fujimorista.


“Calla CTM”, le respondió al legislador por haber expresado su opinión sobre determinado tema. El congresista enfrenta denuncias. Tiene un aparato mediático en su contra desde hace mucho tiempo. Pero esto no es justificación para que un comunicador insulte. Y si el congresista lo hubiera insultado, ¿habría justificación?


En el #Perú, un sector de comunicadores --periodistas incluidos—pretende normalizar lo siguiente: No importa si el político es inocente, basta que sea fujimorista para que sea condenado sumariamente aún antes de que su causa pudiera llegar a una fiscalía, y por ello debería ser fusilado virtualmente contra el paredón del deshonor y ante un público --seguidores-- soliviantado por tuits agresivos y feroces.


¿Esa es la labor de un comunicador? ¿Mentar la madre a un ciudadano forma parte de nuestro trabajo? ¿Los medios de comunicación peruanos aprueban esas prácticas, aunque hayan sido hechas a través de mensajes desde cuentas personales en redes sociales y fuera de horario laboral?


Aunque el político fuera culpable, los comunicadores no debemos insultar, debemos informar, debemos denunciar. Expresar opiniones en un país democrático, como el Perú, constituye un derecho amparado por la Constitución Política del país.


En lo que insisto es que los comunicadores, incluidos periodistas, no debemos insultar a nadie. No tenemos licencia para ello. Esto se ha hecho costumbre, tanto como la de permanecer callados ante la violación de las normas por parte de comunicadores, que reciben a cambio cientos de “likes” de sus “followers”, como aprobación a su “criollada”.


Sintonicé el programa radial matutino del comunicador, en el que recibe llamadas de escolares de colegios de Lima, y me di cuenta de que hasta en sus bromas menos “ofensivas” desprecia a congresistas del partido “Fuerza popular”, no rebate sus ideas, no ofrece argumentos en contra de otros argumentos, solo los ridiculiza y menosprecia como personas.


Los insultos y la agresión verbal alimenta la violencia. ¿Sabrá el comunicador radial que sus oyentes de la secundaria de muchos colegios también deben ser educados en una cultura de paz, de respeto y tolerancia?


Los medios de comunicación deben colaborar con ello. La #ConstituciónPolíticadelPerú señala en uno de los acápites de su artículo 14: “Los medios de comunicación social deben colaborar con el Estado en la educación y en la formación moral y cultural”.


Si el comunicador se autoproclama “provocador”, hay que decirle que podrá ser todo lo provocador que quiera, pero debe cumplir las normas.


Sin embargo, el mismo comunicador blanco de mi observación no muestra el mismo comportamiento en su programa televisivo de entretenimiento. Sé que ese medio de comunicación tiene normas, de cumplimiento obligatorio para sus trabajadores, que prohíben a los conductores y/o periodistas faltar el respeto a cualquier persona.


Insultar es más que faltar el respeto. Debería saberlo el comunicador.

Eso me sorprendió: un comunicador insultando a las personas. Nada lo justifica, ni siquiera el hecho de que la persona objeto de su ira e insulto, milite en el partido fujimorista, cuyo líder y ex presidente, Alberto Fujimori, purga prisión por violación a los derechos humanos y corrupción.


Y escribir sobre esto y desaprobar lo que el comunicador en mención hizo al insultar a otra persona, públicamente, a través de una red social como twitter, no convierte en fujimorista a la suscrita, aunque así quisiera afirmarlo el colega en su defensa, para relativizar mi crítica. Aunque, podría contarle las presiones que tuve por parte del fujimorismo en los años 90 y en el 2000 por mi trabajo en la agencia de noticias italiana #ANSA y hasta el enfrentamiento que tuve con uno de sus mayores figuras, Víctor Joy Way, cuando era nada menos presidente del Congreso de la República.


Va siendo hora de que expectoremos del ejercicio de la comunicación social desde los medios, y especialmente desde el periodismo, esta dicotomía antifujimoristas-fujimoristas, que se extiende a las redes sociales.


Ya va siendo hora de que los periodistas peruanos reprobemos unánime y públicamente esas prácticas que nada tienen que ver con el ejercicio de las libertades informativas, como la de expresión y opinión. Podemos expresar y opinar. Lo que no debemos hacer es insultar, denigrar, atacar a la persona, etc., etc., porque al hacerlo violamos las leyes y las normas. Vale para quienes insultan a políticos de otras agrupaciones políticas.


Sí, es cierto que desde hace mucho años se ha convertido en una moda entre comunicadores, y en particular entre periodistas, ser #antifujimorista. Es hasta rentable, para quienes tienen sueldos pagados por los adversarios del #fujimorismo. Qué fácil sería seguir la moda. Por ello, nuestro blog lleva preciso su nombre, "A contracorriente".


Sin embargo, los comunicadores, incluidos los periodistas por supuesto, somos personas que, de forma privilegiada, realizamos un trabajo que tiene un impacto en la sociedad, de forma inmediata o no, a través de los Medios de Comunicación. Construimos el acontecer diario para que los ciudadanos se informen, generen su opinión y tomen decisiones.


Ese trabajo no es para irresponsables y menos para quienes no respetan las leyes. No debería serlo. Así lo he creído siempre. Así lo aprendí. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, escucho y leo a comunicadores que podrían ser procesados judicialmente porque incumplen las leyes y normas.


Las personas que ejercemos el periodismo estamos obligadas a conocer y a cumplir las normas deontológicas del periodismo, a cumplir el código de ética, y antes de todo ello a cumplir y hacer cumplir la #ConstituciónPolíticadelPerú, las leyes, entre ellas la Ley de Radio y TV 27278 –especialmente quienes trabajan en televisoras y radioemisoras--. Cito: http://www.concortv.gob.pe/normatividad/ley-28278-ley-de-radio-y-television/


El proceder de un comunicador, dentro y fuera de su medio, ante los micrófonos y cámaras, o en las redes sociales, a través de las cuales expresa su “opinión personal”, debe ser siempre de respeto a la persona, al individuo, en cumplimiento de las leyes. No debe violar las normas.


Esto no significa que no critique, que no cuestione, que no indague, que no investigue o que no denuncie.


Los comunicadores debemos respetar a todas las personas y tolerar las ideas de quienes no piensen como nosotros. Debemos hacer docencia, hasta cuando expresemos nuestras críticas a las autoridades de los Poderes del Estado o las denunciemos por algún delito.


Que lejos estamos en el Perú de lo que se practica en países como Estados Unidos, donde un medio de comunicación como #TheNewYorkTimes publicó en el 2017 una #Guía para que sus periodistas usen sus redes sociales (personales). Le dediqué al tema una columna anterior en este Blog: "Periodismo: “¿Cuál es el precio de la verdad?”. https://milleniumscomunica.wixsite.com/milleniums/single-post/2018/11/02/Periodismo-%E2%80%9C%C2%BFCu%C3%A1l-es-el-precio-de-la-verdad%E2%80%9D


La autorregulación no debería ser solamente un reto a cumplir. Debe ser una práctica cotidiana para elevar la calidad de nuestra producción informativa en cualquier medio de comunicación en el que trabajemos, por respeto al ser humano, a las leyes y a la privilegiada posición de laborar precisamente en un Medio de Comunicación. Esa práctica debería hacerse extensiva hasta cuando opinemos en nuestras redes sociales.


En el Perú, sobran las leyes, normas y los pactos en el ámbito de los Medios de Comunicación. La Sociedad Nacional de Radio y Televisión (#SNRTV) señala en su “Pacto de #Autorregulación” que con éste “Se busca promover el respeto hacia la persona, la familia, la sociedad y la legislación vigente”.


Podríamos seguir citando muchos pactos, acuerdos, declaraciones, pero si éstos no se ponen en práctica por parte de los comunicadores y periodistas --ya sea por exigencia o no de los #MediosdeComunicación en los que trabajen-- no estaremos cumpliendo nuestra labor con responsabilidad y contribuiremos -más allá de enfrentar la justicia- a formar una sociedad afectada por la baja calidad del trabajo de sus comunicadores y periodistas, con el consecuente impacto negativo en las decisiones sociales, cívicas y políticas de sus ciudadanos.


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