#Periodismo: “¿Cuál es el precio de la verdad?”

November 2, 2018

"El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro", periodista polaco Ryszard Kapuscinski.

 

 

 

 

Lima.- Escuché a mediados  de los ’80, en una clase de periodismo: “Si quieres hacer dinero, no estudies #periodismo”. Lo recuerdo ahora, especialmente, al evaluar la relación entre la posición política de algunos medios de comunicación locales y el desempeño de algunos de sus periodistas, en medio de la crisis política que enfrenta, una vez más, el Perú.

 

En tiempos de crisis, se muestran notoriamente los actores –es decir, medios de comunicación y #periodistas, para evaluar en esta entrega--, y se aprecia mejor su desempeño.

 

¿Cuál es “El precio de la #verdad”? Lanzo esta pregunta tomando prestado el título de una película norteamericana (“Shattered Glass" o "El precio de la verdad”, 2003), que narra la historia del joven #periodista Stephen Glass, de buena pluma y locución. Glass, lanzando historias ficticias, edificó una “auspiciosa” trayectoria profesional. Después de que se descubriera la falsedad de muchas de sus historias, Glass fue despedido del medio #TheNewRepublic (#TNR). Ese medio de comunicación lo echó, tras investigar las historias falsas y reprobar el desempeño anti ético de Glass.

 

La película puso sobre la mesa el viejo debate sobre el comportamiento ético de los hombres y mujeres de prensa.

 

¿Qué estamos dispuestos a pagar los periodistas a cambio de mantener un trabajo en el Perú, tomando en cuenta privilegios, beneficios, cercanía al Poder, etc., etc.?  Eso lo sabe cada periodista, por supuesto, incluso los que lograron puestos en los principales medios de comunicación, con sueldos que equivalen, en algunos casos, a la planilla de todos los colegas "multitareas" en un pequeño canal digital local.

 

Sin embargo, en lo que quisiera reflexionar con usted, amable lector, a través de esta entrega, es en lo dañino que resulta que el periodista se aleje de la verdad para no perder su privilegiada posición y que para ello construya --a través de una nota, un comentario o cualquiera otra entrega periodística, e incluso con opiniones vertidas a través de sus redes sociales— historias que favorezcan a algunos y dañen a otros --sean esos “algunos” y esos “otros” grupos o intereses políticos, económicos, empresariales o de cualquier otra índole--.

¿Es ético? Por supuesto que no.

 

¿Por qué? Por la sencilla razón de que el periodista debe trabajar siempre con la verdad, porque hacerlo nos aleja de un principio básico del periodismo: informar con veracidad. E informar con veracidad implica haber contrastado versiones sobre un hecho, por ejemplo. Lanzar opiniones con interés determinado que favorezcan al gobierno de turno o a un grupo político, que denigren o ridiculicen a una persona, o que abonen para mantener su "status" convenientemente, no es hacer periodismo. 

 

¿Qué estamos dispuestos a pagar los periodistas a cambio de contar la verdad? ¿Perder el trabajo, por ejemplo? Los periodistas conocemos muchos casos al respecto.

 

¿Debemos responder y trabajar en función de los intereses políticos y económicos de las empresas que operan los Medios de Comunicación (televisoras, radioemisoras, diarios, etc.) a costa de ignorar las normas básicas del periodismo? 

 

Son preguntas que nos deben llevar a reflexionar profundamente sobre nuestra labor  de cada día, y especialmente en tiempos como éste, en el que el grado de polarización escala a diario, empujándonos a colocarnos en posiciones extremas. No somos (no debemos ser) activistas políticos. El activismo político no es periodismo.

 

Hacer periodismo con responsabilidad fortalece la Democracia y el Estado de Derecho. Cuando entendamos que renunciar a las normas éticas del periodismo afecta irreparablemente nuestro trabajo y credibilidad, los periodistas buscaremos la excelencia. No somos políticos. Repito lo que escribí recientemente a través de mi cuenta en twitter.

 

Pensábamos que lo sucedido en los años ’90 en el Perú, con medios de comunicación dominados por el fujimorismo, había dejado lecciones aprendidas. Veo que no. 

 

El diario #TheNewYorkTimes publicó el año pasado una #Guía para que sus periodistas usen sus redes sociales (personales). El artículo del diario colombiano #ElTiempo, que enlazamos aquí, reseña la norma publicada en el 2017.

 

Cito al diario El Tiempo: “(…) Para el periódico, las redes sociales presentan riesgos potenciales porque ‘si los periodistas son percibidos como parciales o si se dedican a la redacción en las redes sociales, eso puede socavar la credibilidad de toda la sala de redacción’ (…)”.

 

Los periodistas servimos a sociedad. Si no entendemos esto, la motivación de nuestra labor perderá el sentido de buscar la verdad por el valor en sí misma, para dar paso a otras motivaciones personales o de grupo.

 

En mayo último, el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés) publicó una guía sobre los principios éticos que deben regir en el periodismo actual, en la era digital. La guía fue elaborada por #LuisBotello, vicepresidente de Nuevas Iniciativas e Impacto de ICFJ, y #JavierDaríoRestrepo, director del Consultorio Ético de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).

 

Al respecto, Restrepo, veterano periodista colombiano, declaró al Centro Knight: “El periodista es un servidor de lo público”. 

 

 

Los periodistas solemos sortear muchas situaciones difíciles. No me refiero a las coberturas periodísticas, respecto a las cuales podríamos escribir muchas entregas. Me refiero a las situaciones difíciles en la relación que mantenemos con los dueños de las empresas operadoras de los medios, indirectamente, y con los jefes directos, porque las empresas, como cualquier otra que no esté involucrada en el campo de la información, tiene intereses, responde a directivas de sus gerentes, debe ser rentable, y así puede seguir la lista.

 

Es necesario también que los directivos de las empresas (operadoras de los medios de comunicación) respeten el trabajo de los periodistas y apuesten por un periodismo alejado de los intereses políticos y económicos, que es el que se ejerce con responsabilidad. Esa posición ayuda a fortalecer la Democracia. 

 

Siempre, el “mejor” periodismo (el único, por supuesto, que merece ser llamado así, desde mi punto de vista) es el que se ejerce con responsabilidad, con lo cual está sobreentendido que se ejerce con independencia y veracidad. Así de simple, con responsabilidad. 

 

Como en lo personal, la educación, la formación y la experiencia contribuyen a hacernos mejores, siempre que aprendamos las lecciones, corrijamos errores y rectifiquemos. También pasa en la labor profesional. Siempre podemos ser mejores y hacer un mejor trabajo.

 

 

¡Hasta la próxima!

 

 

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